El Sumida Triphony Hall fue testigo de una reunión cumbre: la genialidad de Martha Argerich se unió al violonchelo de Mischa Maisky y al violín de Janine Jansen.
La ovación de pie del público de Tokio reflejó la admiración universal por una artista que no conoce fronteras. El programa incluyó las magistrales Sonatas para Cello y Violín de Beethoven, cerrando la noche con una interpretación inolvidable del imponente Trío n.º 2 de Shostakovich.



